Bueno, ya de vuelta por estos lares, después de un viaje y un estado griposo. Y bueno … voy a hablar un poco de lo primero.
Durante muchos años escuchas historias sobre el temido infierno, al que van las personas que no se portan bien. Cuando eres niño las crees y, aunque te portas mal igualmente, siempre tienes el consuelo y la esperanza de ser perdonado y que para el día del Juicio Final aún queda mucho tiempo.
Pues bien, no se cómo se las ha arreglado el Dios de cada uno (o el demonio), pero ya nos ha traído el Infierno a la Tierra. Y sin necesidad de Juicio Final! Ni siquiera es necesario portarse mal! Y sin ninguna posibilidad de perdón! Y es mucho peor y más maquiavélico que el famoso fuego eterno en el que consumirse eternamente. Por que, si me dan a elegir entre que mi alma arda por los siglos de los siglos y el infierno en que han convertido los aeropuertos europeos, sin ninguna duda me tiro de cabeza al caldero de Pedro Botero.
Hace un tiempo publiqué por aquí irónicamente mi opinión sobre las últimas medidas de ‘seguridad’ adoptadas en los aeropuertos europeos. Aquella era una visión desde fuera, sin aún haber saboreado la situación. Y ahora que puedo hablar con conocimiento de causa, la situación es peor de lo que imaginaba. Creo que nunca me había sentido tan humillado, maltratado e indefenso.
Aviso ya a navegantes que, el que quiera saborear un vaso de rakı cómodamente en su casa después de su estancia por estas tierras, que adquiera una buena maleta blindada y a prueba del ‘delicado’ trato que recibe el equipaje por parte del personal aeroportuario. ¿por qué? pues por que ya no dejan llevar como equipaje de mano ningún envase o líquido superior a 100 mililitros. Vale, pues lo compro en el Duty Free, pensareis … pues tampoco. Por que los productos comprados en los Duty Free de aeropuertos fuera de la Unión Europea no son reconocidos como ‘seguros’ y no podrías llevarlos. Eso si hace escalas, por que si el vuelo es directo no hay problema y se las venderán. (Aviso a liqui-terroristas: si queréis atentar con botellas de agua (o vino) sin ningún problema, use vuelos directos al objetivo desde fuera de la Unión Europea. Las medidas de ‘seguridad’ en este caso no sirven de nada). Si hace alguna escala, pongamos por ejemplo en Milán, y usted lleva esa botellita de licor que tanto le ha gustado, un educado y diligente policía italiano se las beberá a su salud. En pocas horas vi cosas increíbles: personas apurando la última gota de su botellita de agua antes de que el policía de turno se la requisara; un pobre hombre llegar con su botella de vino elegantemente empaquetada, seguramente desde un país tercermundista donde todos sus habitantes son terroristas consumados, y tener que volver sobre sus pasos para intentar facturarla como equipaje si no quería perderla (no quiero imaginar dónde irá a parar una botella de vino sola y desvalida facturada así
); he visto gente medio desnudarse para poder pasar el arco de seguridad, y aun así ser cacheados; he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhauser … huy, perdón .. en qué estaría yo pensando …..
La verdad es que el viaje no empezó mal en Istanbul. Pago mi multa por retrasarme en salir del país, pasamos el control de pasaportes, damos un vistazo al Duty Free …. Venía una amiga italiana, la cual compró una botella de rakı y, a la hora de pagarla, la cajera le preguntó el destino. Por suerte para ella el destino era Milán, así que como era un vuelo directo se la vendieron. A mi, por ejemplo, con destino Valencia y escala en Milán, no me la hubieran vendido (recuérdenlo, liqui-terroristas). Ya sabía que las medidas de seguridad adoptadas eran estúpidas, y ya en la primera situación que veía, incluso antes de subir al avión, me llegaba una prueba. Pero la situación más kafkiana que sufrí llegó más tarde, en la escala en Milán. Antes de eso, el control policial: quitate el reloj, el cinturón, cualquier metal que pueda llevar tu ropa o zapatos, saca el ordenador portátil y ponlo aparte, depositalo todo en bandejas en las que no cabe casi nada … y si tienes suerte y no escuchas un pitido al pasar por el arco, no te haré quitarte mas cosas ni te cachearé.
Llegada a Milán. Despedida de la amiga. Visita al Duty Free para llevar unos licores italianos y unos bombones a la familia, ya que les gustan. Decidir en 10-15 minutos qué licores comprar. Esperar otros 10 minutos en la cola de la caja ya que ahora todo el mundo debe comprar por que no se puede traer de fuera (negocio redondo en los aeropuertos). 10 minutos de discusión y de jurar en arameo por que … NO me permiten comprar líquidos en la tienda de la terminal A, ya que yo tengo que coger el vuelo en la terminal B. ¿perdón? Oiga, que entre la terminal A y la B hay sólo una puerta!! Nada, nada, a usted le corresponde la tienda de la terminal B, y no nos permiten venderle líquidos aquí. Pero no se preocupe, que allí está la misma tienda y tienen los mismos productos. Primer resultado: 35 minutos tirados a la basura y una cierta calentura mental. No está mal teniendo sólo hora y media entre los dos vuelos.
Segundo intento. Corriendo al Duty Free asignado a la terminal B, más pequeño que el anterior. 10 minutos buscando los mismos licores elegidos en la terminal A infructuosamente. 10 minutos discutiendo con una dependienta y pidiendo esas marcas, sin resultado. Ganas de empotrar un armario lleno de botellas contra el suelo. Más juramentos en arameo, lengua que no conocía y que en ese aeropuerto he practicado bastante y ya domino más que el turco. 10 minutos para coger dos botellas de lo que fuera, ya me daba igual, pagar, salir corriendo de allí y acumular una calentura mental que me duró varios días (y que aún hoy regresa cada vez que lo recuerdo). Por cierto, el sistema de cierre de ‘seguridad’ para las bolsas es … una brida de plástico de las usadas en electricidad. Segundo resultado: 30 minutos de calentón mental creciente.
El retorno fue más tranquilo, ya que no teníamos que comprar ni llevar nada. Aunque .. sí que hubo una pequeña sorpresa. En el aeropuerto de Valencia no me dejaron pasar con una botella de agua de 330 mililitros VACIA. ¿razón? no se permiten NI líquidos NI envases. Nada mas pasar ese control policial me di de bruces con una imponente máquina expendedora de botellines de agua. ¿Alguien me puede explicar el peligro de la botella de agua vacía? (ya no pido imposibles como una explicación para las botellas de agua llenas).
Un saludo, y les deseo todo lo que les quede de vida ‘disfrutando’ de un aeropuerto europeo a los responsables de estas ‘directivas europeas’, alias estupideces.