Esta semana asistí a una representación de la ceremonia sufí conocida como Sema (Samá, Sem’a ). Un ritual que cuenta con varios siglos de vida realizada por la escuela sufí Mevleví creada por el conocido poeta y místico del siglo XIII Yalal ad-Din Muhammad Rumi, o de forma más corta y popular, Mevlana. Rumí dijo: “El sema es el adorno del alma que ayuda a ésta a descubrir el amor, a experimentar el escalofrío del encuentro, a despojarse de los velos y a sentirse en presencia de Dios”. A lo mejor todos estos nombres no os dicen mucho, pero estoy seguro que si nombro a los muy turísticamente famosos Derviches, la cosa cambia.
La ceremonia comienza con uno de los participantes entonando una plegaria a Mevlana y un canto extraido del Corán.
A continuación, el sonido del timbal abre el camino a la melodía dulce extraida del Ney (flauta de caña).
El Maestro del Semazen saluda a los derviches inclinandose ante estos. Estos empiezan a moverse alrededor de la sala. Dan tres vueltas a la sala, y en cada una de ellas, al pasar frente al Maestro, se inclinan ante él. Al finalizar la tercera vuelta, dejan caer el manto negro que les ha cubierto hasta entonces, que simboliza el alejamiento de los problemas y vínculos terrenales, dejando al descubierto sus ropas completamente blancas.
Uno tras otro, con los brazos cruzados contra el pecho, se acercan al Maestro esperando sus instrucciones. Es aquí cuando empiezan a girar sobre sí mismos, con los brazos extendidos, la mano izquierda cara al suelo y la mano derecha cara al cielo, simbolizando la conexión entre el cielo y la tierra. Este es el modo en el que los derviches alejan su mente de todo contacto terrenal, su alma del cuerpo, perdiendo todo contacto con la realizad y entrando en una especie de trance místico.
Este ritual se repite cuatro veces, en la última de las cuales el propio Maestro se une en los giros. Al terminar, el Maestro entona algunos pasajes del Libro Santo y los derviches vuelven a cubrirse con sus mantos negros.
“Ven, ven, quienquiera que seas. Seas infiel, religioso o pagano. Poco importa. Este no es un lugar de desesperación. Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún así, ven”
Yalal ad-Din Muhammad Rumi